Vaticinios de ayer
Los dos artículos de Josep M. Sornosa que integran este dosier de prensa, se publicaron en 1994 y 1995 en Levante-EMV, se adelantan con notable intuición a debates que con el tiempo cobrarían plena vigencia. Su lectura conjunta permite apreciar no solo el valor documental de ambos textos, sino también su singular capacidad para anticipar, con agudeza y perspicacia, los contornos de una transformación que entonces apenas comenzaba a perfilarse.
Eco Reestructuración: un nuevo concepto
Sornosa*, J. M. (1994, 19 de octubre). Eco Reestructuración: un nuevo concepto. Levante-El Mercantil Valenciano, p. 3.
Las preocupaciones medioambientales prevalecerán cada vez más, tanto en los ámbitos de la política nacional y mundial como en las salas de juntas. Estoy convencido de ello. Sin embargo, en la actualidad el mundo sigue un camino de alto riesgo y potencialmente suicida, como el Titanic surcando aguas llenas de hielo. Creo que los profesionales que se dedican al medio ambiente, así como el público en general, pueden detectar muchas tendencias peligrosas, tanto a nivel individual como colectivo.
El mundo tendrá que enfrentarse a la contradicción entre el desarrollo económico de los países más desfavorecidos y la protección del medio ambiente en las naciones industrializadas. Dentro de diez o veinte años, muchas de las actitudes expresadas con frecuencia por los líderes políticos e industriales de hoy parecerán curiosamente anticuadas y alejadas de la realidad. Estos mismos líderes necesitan algo más de lo que el capitán del Titanic necesitaba, pero no tenía: la capacidad de mirar hacia adelante a través de la niebla de la incertidumbre. En esta era, los líderes eficaces y los ganadores tendrán que mirar hacia el futuro más que hacia el pasado, cuyo lema solía ser «a toda máquina» o «si no está roto, no lo arregles». Los buenos gestores de esta generación serán aquellos que se anticipen mejor que sus colegas y estén dispuestos a tomar decisiones concretas sobre una estrategia medioambiental sostenible.
Tirios y troyanos deben ser conscientes de que las tendencias actuales son insostenibles y no nos llevan a ninguna parte. Entre ellas se encuentran la superpoblación, la pobreza, el escaso desarrollo económico, la sobreexplotación de la energía, la contaminación, la acidificación, el calentamiento global, el cambio climático, la desertificación, la disminución de la capa de ozono y la alteración grave de los ciclos naturales de nutrientes debido a la actividad humana. ¿Cuáles serían las consecuencias de seguir como hasta ahora? Podemos afirmar que cambios tan grandes, provocados en un espacio de tiempo tan breve, constituirían una catástrofe climática y biológica.
Tendemos a considerar el medio ambiente biológico como inmutable e inalterable, lo cual es peligrosamente falso.
Hay tres mensajes muy sencillos que pueden servir de solución. El primero es que la tendencia actual de la regulación medioambiental no es suficiente. Las medidas legales, como la prohibición del DDT, del plomo en la gasolina o de los CFC, solo son eficaces cuando el peligro es muy evidente. Es poco probable que las iniciativas sobre el tratamiento de residuos o incluso las tecnologías de fabricación limpia resulten eficaces donde realmente importa, es decir, en lograr una reducción drástica del uso de combustibles fósiles, una disminución significativa de la dispersión de productos químicos como fertilizantes y pesticidas en la agricultura, o una reducción sustancial de la extracción y el uso de metales pesados tóxicos. Alcanzar tales objetivos requiere una reestructuración mucho más profunda, y no el enfoque de «tratamiento final» que se ha adoptado hasta ahora.
Los otros dos mensajes se refieren a las políticas del sector público y a las estrategias del sector privado que habrá que desarrollar en los próximos años si queremos evitar un desastre medioambiental progresivo.
La regulación legislativa es una forma de corregir las imperfecciones a costa de los gobiernos, y hasta ahora la política fiscal rara vez se ha utilizado como herramienta de política social o medioambiental. En cuanto al sector privado, entre otras estrategias futuras, debería estar dispuesto a aceptar la devolución de sus propios productos al final de su ciclo de vida para su eliminación, remanufacturación o reciclaje; en otras palabras, para cerrar el ciclo de los materiales.
La cuestión final es, en mi opinión, ni más ni menos que la supervivencia a largo plazo del planeta Tierra como hábitat para los organismos, la humanidad y las futuras generaciones. Para ser más precisos, estamos hablando de las condiciones para la sostenibilidad futura de la civilización humana en este planeta. ¿Llevaremos a cabo una eco reestructuración a tiempo? Porque es el único hogar posible en un futuro previsible.
*Biólogo.
Eco reestructuración sistémica
Sornosa, J. M. (1995, 19 de abril). Eco reestructuración sistémica. Levante-El Mercantil Valenciano, p. 3.
En los últimos años del siglo XX, y como si se tratara de cumplir un ritual temporal, la especie humana debe intentar una vez más modificar los paradigmas que nos han regido a lo largo de este siglo. Este ritual, voluntario o fundamentalmente involuntario, ha marcado los cambios de siglo a lo largo de la historia. En 1995, a solo cinco años del año 2000, no podemos permitirnos el lujo de seguir manteniendo los mismos parámetros mentales en lo que respecta a nuestra forma de pensar y actuar en materia medioambiental.
Las generaciones futuras no pueden verse condenadas a un panorama de restricciones continuas, contaminación, desertificación, degradación del agua, acumulación de residuos y una falta general de calidad de vida, simplemente porque no hemos estado dispuestos a reestructurar a tiempo una mentalidad obsoleta en la que cualquier medio se justifica para alcanzar fines políticos, económicos o sociales.
La reestructuración ecológica personal, es decir, un cambio en nuestros marcos mentales hacia un comportamiento más responsable con el medio ambiente, es tan necesaria como la preservación de los elementos naturales de un sistema degradado que aspiramos a recuperar.
La Tierra, como gran sistema, y el ser humano, como subsistema primario íntimamente dependiente, están constituidos por interrelaciones complejas y fuertemente vinculadas. Así, podemos comprender que acciones cotidianas como leer el periódico o abrir el grifo serían difíciles —por sus conexiones con componentes naturales— si no existieran previamente procesos como la plantación de árboles para producir papel o la conservación de masas forestales que regulan acuíferos y clima.
Si nos detuviéramos a reflexionar sobre ello, dejando de lado cualquier enfoque catastrofista, podríamos establecer innumerables relaciones de causa y efecto. Incluso en los actos más triviales encontramos oportunidades para cambiar nuestra mentalidad hacia un enfoque ecológicamente reestructurado. Así, acciones como reducir el uso del coche; separar los residuos; moderar el consumo; ahorrar agua; evitar ruidos innecesarios; gestionar adecuadamente los residuos domésticos; rechazar el exceso de bolsas; apagar las luces al salir; o colaborar con organizaciones que defienden intereses colectivos son ejemplos de prácticas cotidianas que contribuyen, paso a paso, a esa reestructuración ecológica.
Esta reflexión debería ir un paso más allá y llevarnos a preguntarnos: si somos conscientes de la importancia de nuestras acciones, ¿actuamos en consecuencia?
A menudo se considera el entorno biológico como algo inmutable e inalterable, lo cual es peligrosamente falso. Debemos reconocer que las tendencias actuales son insostenibles. También debemos asumir que la eco reestructuración personal y sistémica no se producirá de forma inmediata, pero es imprescindible comenzar desde ahora a modificar los parámetros actuales hasta alcanzar criterios más adecuados. Estos criterios, además, pueden ser compartidos por distintas ideologías políticas que prioricen a las personas por encima de los intereses puramente electorales. No vivimos en una era de profecías, pero sí en una en la que debemos construir el futuro día a día.
Es evidente que la sinceridad de quienes practican la eco reestructuración en su vida cotidiana no debe llevarlos a pensar que el esfuerzo individual siempre será suficiente, especialmente si ecología y economía continúan caminos divergentes. Sin embargo, cuando los intereses económicos se alinean con los de los sistemas naturales, los avances son más factibles. En la actualidad, esta convergencia es limitada: existe una brecha entre los acuerdos medioambientales firmados y las acciones reales de los gobiernos. Aun así, esto refuerza la necesidad de la eco reestructuración como herramienta clave para el futuro. La Tierra es un sistema global que puede albergar condiciones adecuadas para la vida, pero un modelo de vida no reestructurado ecológicamente puede comprometer nuestra propia existencia dentro de él. Eco reestructuremos, porque aún estamos a tiempo.
Biólogo. Miembro de GEMA (Gestión y Estrategias Medioambientales)
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